José Bustamante Bellmunt

Instituto de Psicología y Sexología Espill

La adicción al sexo es una de las adicciones más negadas en nuestra cultura. Al tabú que, todavía hoy, impregna al sexo, se une la vergüenza por las conductas que se llevan a cabo para obtener "la sustancia", en este caso, sexo.

Aunque no podemos hablar de un perfil claro del adicto al sexo, sí es cierto que la mayoría de sexo-adictos son hombres, con una edad comprendida entre los 20 y los 40 años.

En cuanto a la gente que acude a consulta, es posible concretar un poco más, ya que, por regla general, son personas que se han visto presionadas a buscar ayuda bien por la pareja o bien por razones judiciales (en aquellos casos en los que se ha llegado a cometer algún tipo de delito sexual).

 

No hay que perder de vista que la adicción al sexo cursa de forma muy similar a como lo hace el resto de adicciones. Al igual que la dependencia a la cocaína se relaciona con los efectos que produce en el cerebro esta sustancia, la persona que presenta este problema es adicto a los cambios neuroquímicos que provoca las relaciones sexuales, y por ello, busca eliminar este síndrome de abstinencia.

Desencadenantes

Las causas por las que se puede desencadenar la adicción al sexo son muy diversas. En realidad, únicamente podemos dar algunas pistas para atender a situaciones de riesgo y, en este sentido, la situación es muy similar a la de otras drogas.

El sexo es una fuente de placer y gratificación muy potente, si empezamos a utilizarlo para aliviar un malestar, en vez de para disfrutar de él, estamos empezando a crear un binomio sumamente peligroso.

Hay personas que empezaron a usar el sexo para evadirse de los problemas familiares, sociales, personales, de la misma manera que un alcohólico deja de tomar una copa para disfrutar de un momento y lo hace cuando se siente triste, preocupado o deprimido.

En este sentido, si el recurrir al sexo se convierte en una norma cada vez que la persona sienta un pequeño malestar o quiera evadirse, olvidarse de una pareja anterior, etc., se empieza a generar un círculo vicioso: así, el malestar lleva a buscar sexo y buscarlo puede traer problemas económicos, infidelidades e incluso delitos sexuales. Estas conductas generan sentimientos de culpa en el adicto y su respuesta ante esa emoción negativa sería recurrir de nuevo al sexo.

Un adicto al sexo suele sentirse inundado por pensamientos sexuales, fantasías y estas mismas le generan malestar. A menudo intentan poner en práctica estas fantasías para librarse de los pensamientos obsesivos que le sobrevienen; sin embargo, estas conductas, lejos de aliviar dichas obsesiones, suelen crear mayores problemas.

Cómo actúa una persona con adicción al sexo

El modus operandi de un adicto al sexo es similar al de cualquier otro adicto, en este sentido, se puede pasar por diferentes épocas de abstinencia y tener recaídas. Habitualmente las fantasías son el primer paso, e incluso en muchos de ellos, el inicio del problema, cuando se empiezan a usar como forma de escapar o evadirse de los problemas.

 

En el inicio, la masturbación suele ser suficiente para saciar temporalmente el deseo; más tarde ésta no serviría para apagar la pulsión y se intentarán llevar a la práctica las fantasías. En este punto, todavía muchas personas siguen minimizando la conducta y, en el caso de los hombres, justificándola porque en nuestra cultura masculina se espera un deseo insaciable por parte de éste.

En ocasiones, puede ocurrir que la búsqueda de sensaciones más intensas y frecuentes les lleve, por ejemplo, a verse envueltos en relaciones sexuales con más de una persona, pudiendo compartir más o menos intensamente placer con una o más personas que no corresponden a su deseo sexual primario, homo o heterosexual.

En cualquier caso, esto tiene que ver con la búsqueda de estímulos de intensidad creciente y no con un cambio o desaparición de la orientación de su deseo sexual que, desde luego, no cambia en el adicto, como tampoco en el resto de la población adulta desarrollada. En otras palabras, la orientación del deseo sexual (homo o heterosexual) no se modifica por el hecho de que la persona esté envuelta en el universo de la adicción

¿Dónde está el límite entre lo normal y lo patológico?

El límite sería la afectación en la vida de la persona. Cuando el hecho de fantasear lleve tanto tiempo que interfiera en el trabajo de la persona y en sus relaciones, cuando los actos que lleva a cabo interfieran en las relaciones sociales, de pareja, generen problemas legales, interfieran en el trabajo o, por supuesto, cuando la propia conducta sexual genere un malestar psicológico, vergüenza o sentimientos de culpa.

A menudo, la adicción al sexo acostumbra a ser únicamente el síntoma de una serie de problemas más profundos que hacen que se genere y se mantenga la adicción. Trastornos de ansiedad, dificultad para controlar impulsos, carencias en habilidades sociales o baja autoestima son algunos de los sustratos que subyacen tras la conducta adictiva.

El tratamiento

El tratamiento para estas personas pasa por reconducir su comportamiento sexual, para lo cual, la terapia cognitivo-conductual es fundamental. Se trata de buscar la forma de que el paciente identifique los desencadenante de su deseo y aprenda a controlar el impulso cuando la conducta no sea apropiada. Saber discernir entre aquellas conductas sexuales adecuadas y aquellas que no lo son. A menudo es muy útil encontrar los desencadenantes de la adicción puesto que represiones, mitos y falsas creencias pueden haber sido justificación o precipitante de la conducta.

Como cabe esperar, un adicto al sexo no está "curado" cuando ya no mantiene relaciones sexuales, no es ese el objetivo. Sin cocaína, alcohol o heroína podemos vivir, pero el sexo es parte fundamental del ser humano.

El objetivo terapéutico, por tanto, es disfrutar de la sexualidad de una manera sana y saludable, controlando y eligiendo libremente cuando se quiere o no llevar a cabo una relación sexual, disfrutar del sexo y no ser su esclavo.

 

El uso de fármacos, como por ejemplo, los antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina, puede ser útil en algunos pacientes al inicio del tratamiento, puesto que estas sustancias tienen un efecto directo sobre la sexualidad y la saciedad. No obstante, y a pesar de su validez, hay que tener en cuenta que el tratamiento únicamente farmacológico no es eficaz para tratar esta adicción; la psicoterapia es fundamental para alcanzar un éxito terapéutico duradero.

Cómo prevenir estos comportamientos

La educación sexual adecuada es, sin duda, el único camino para la prevención de este tipo de adicciones. Es muy importante transmitir a los jóvenes que el sexo es algo maravilloso, que es un vehículo de comunicación afectiva impagable, con la capacidad para aumentar nuestra autoestima y nuestra sensación subjetiva de felicidad, pero que puede convertirse en algo negativo si hacemos un uso inadecuado del mismo.

Sobre el autor:

José Bustamante Bellmunt es Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y Máster en Sexología y Psicoterapia Integrada. En la actualidad Bustamante realiza su actividad laboral como sexólogo en el Instituto Espill y es coordinador de DiscaSex.com, portal de internet dedicado a a atención sexológica al discapacitado.

 

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