El sexo en Internet aparece en nuestros días como un fenómeno nuevo, cada vez más extendido entre jóvenes y adolescentes.

Si bien en un principio el comportamiento sexual a través de Internet no tiene por qué ser un problema, lo patológico surge cuando el cibersexo se convierte en algo compulsivo, que interfiere en la vida cotidiana y se mantiene a pesar de las consecuencias negativas para la persona.

Un estudio elaborado por Unisexsida en el que han participado alumnos de la Universidad Jaume I de Castellón y cuyos resultados fueron presentados en el 2007 en el 5th World Congress of Behavioral and Cognitive Therapies, muestra datos interesantes sobre este fenómeno del que hoy por hoy poco se conoce.

Infocop online se ha interesado por los resultados de este estudio y ha entrevistado para sus lectores a Rafael Ballester, director de la Unidad de Investigación sobre Sexualidad y Sida de la Universidad Jaime I y responsable de este estudio.

ENTREVISTA

De su estudio se desprende que la tasa de prevalencia de la adicción al cibersexo es significativamente mayor en los hombres que en las mujeres. ¿Podría explicar qué factores estarían explicando estas diferencias?

Para comenzar habría que remarcar que los datos que estamos ofreciendo de momento se refieren a la percepción que tienen los jóvenes acerca de padecer o no adicción al cibersexo y no de la verdadera prevalencia, que podría ser mayor o menor de lo que los jóvenes. En breve tiempo estaremos en condiciones de presentar también estas cifras.

Por otro lado, la desproporción de datos en hombres y mujeres también la encontramos cuando preguntamos acerca de si el individuo ha buscado en alguna ocasión material sexual en internet, a lo que contestan afirmativamente el 45% de los hombres frente al 13% de las mujeres. Y también cuando preguntamos si alguna vez se han masturbado mientras lo hacían, a lo que asiente el 45,1% de los hombres frente al 4,5% de las mujeres.

Teniendo siempre esto en consideración, los diferentes datos encontrados en hombres y mujeres podrían deberse a dos tipos de razones que no son excluyentes.

Una primera razón sería que realmente existe una menor prevalencia del trastorno en mujeres, quizás como consecuencia de una mayor inhibición a la hora de buscar activamente material sexual en la red; o sencillamente porque la concepción de la sexualidad es muy diferente en función del género, de manera que el cibersexo no resulta igualmente gratificante para hombres que para mujeres. De hecho, la misma desproporción de datos en función del género se da también cuando investigamos el uso de pornografía. Curiosamente, al analizar el tipo de actividad realizada por Internet entre los hombres y mujeres que lo hacen con fines sexuales, sigue habiendo diferencias. En Internet, los hombres se descargan con más frecuencia vídeos pornográficos, fotos claramente pornográficas, mientras que las mujeres son más dadas a participar en chats eróticos. Posiblemente, como decíamos, en la base de estos resultados se encuentra el hecho de que la mujer busca en el sexo algo diferente de lo que busca el hombre. En él puede haber una mayor motivación estrictamente sexual, mientras que en ella puede ser más importante lo afectivo-relacional o, al menos, esto debe estar presente acompañando siempre al sexo. Evidentemente estas apreciaciones generales no ocultan numerosísimas excepciones cuando hablamos de la sexualidad de individuos concretos.

Así mismo podemos encontrarnos con la posibilidad de que todavía en la actualidad, el rol de pasividad al que se ha sometido a la mujer durante siglos y siglos haga que su papel activo a la hora de buscar material para excitarse sea menor, como consecuencia de factores educativos y culturales.

Precisamente, esto enlaza con una segunda posible razón que no excluye la primera, a saber, que a las mujeres les cueste más reconocer que realizan este tipo de actividades sexuales a través de la Red, justamente también como consecuencia de los valores tradicionales que han imperado en nuestra sociedad.

Siguiendo con la pregunta ¿Cuál sería desde su punto de vista el factor más relevante a la hora de entender el incremento progresivo de la tasas de incidencia de varones con este tipo de adicción?

No disponemos de demasiados datos para poder hablar de incremento de la prevalencia, ya que los estudios a nivel internacional no son excesivos y en nuestro país son casi ausentes. Pero sí podemos decir que la industria del cibersexo está creciendo a un ritmo increíble. Actualmente mueve casi un billón de dólares. Por otro lado, la mitad de dinero que se gasta en Internet tiene que ver con el sexo. Existen actualmente más de 100.000 sitios sexuales en la Red y cada día aparecen más de 200 nuevos. Ya en un estudio realizado en 1998 se vio que más de diez millones de personas entraron en los diez sitios sexuales más populares de Internet.

Aunque no tenemos otros estudios previos de prevalencia con los que comparar la evolución en nuestro país, todo parece sugerir que efectivamente la prevalencia tanto del uso esporádico como de la adicción es creciente. Probablemente las razones incluyen una cada vez mayor presencia de ordenadores en los hogares y un creciente protagonismo de Internet en nuestras vidas, con todo lo que ello supone de positivo y también de negativo cuando se convierte en una herramienta que no se sabe utilizar o cuyo uso deja de ser controlable.

Creo que no es exagerado decir que Internet está cambiando nuestras vidas. Cada vez más adolescentes se relacionan a través de este medio y cada vez también más personas lo utilizan para satisfacer sus necesidades sexuales. Todo esto, aunque puede abrir muchísimas posibilidades, nos descubre, así mismo, nuevos riesgos, como el menor desarrollo de habilidades sociales de interacción directa o real o también el hecho de que nuestras vidas sean cada vez más virtuales. La fácil accesibilidad al cibersexo, las posibilidades que encierra para explorar comportamientos sexuales de manera anónima, su bajo coste y la comodidad que ofrece para su uso pueden atraer enormemente a muchas personas. De todos modos, hay que decir que el uso esporádico del cibersexo no tendría por qué ser preocupante. Sin embargo, una persona podría creer que lo que Internet le presenta es la realidad, es la verdadera sexualidad y entonces podríamos entrar en algo que puede ser desadaptativo. La adicción al cibersexo sería, por tanto, una de las posibles consecuencias nefastas de todo esto.

Desde un punto de vista psicológico ¿cuál sería el perfil de una persona adicta al sexo?

Ya sabemos que el ser humano tiene una alta capacidad para las adicciones de cualquier tipo. Y también hemos dicho que Internet tiene una serie de características que hacen que sea fácil desarrollar una adicción al cibersexo. Sin embargo, parece existir un perfil psicológico de mayor riesgo para desarrollar una adicción. Esto explicaría que de todas las personas que utilizan esporádicamente este medio con fines sexuales, sólo unos pocos presentan una adicción.

Se trataría de un perfil caracterizado por una baja autoestima, presencia de disfunciones sexuales, una imagen corporal distorsionada, la presencia de otras adicciones y cualquier otro hecho que haga que la persona se sienta angustiada o insegura ante las relaciones sexuales directas o reales con otro individuo. Para estas personas, Internet puede parecer un lugar seguro donde experimentar con el sexo sin sufrir este tipo de angustias o inseguridades.

Teniendo en cuenta la facilidad que tienen los jóvenes de acceder a contenidos pornográficos en Internet, el número de personas afectadas por este tipo de adicción probablemente va a experimentar un constante incremento. Desde la Psicología,¿qué tipo de medidas preventivas se podrían tomar para frenar este fenómeno?

Yo pienso que, a pesar de que sea un lugar común, la mejor medida preventiva sería una adecuada educación sexual, que sigue sin estar del todo presente en las escuelas. Si una persona tiene una buena educación sexual, difícilmente el cibersexo le va a satisfacer plenamente y, por lo tanto, se reducen las posibilidades de adicción. Podrá acceder esporádicamente pero otra cosa muy diferente es que su sexualidad se reduzca al cibersexo. Sabrá enmarcar aquello que está viendo dentro de una visión más amplia de lo que es la sexualidad.

Por otro lado, sería importante la detección temprana de los casos de adicción, como elemento de prevención secundaria. Pocas personas acuden a nuestras consultas con este problema exclusivamente. La adicción al cibersexo suele acompañar a otras patologías y suele aparecer de forma encubierta en la evaluación psicológica. Por eso es importante que los profesionales sepamos detectarla. Debemos saber que cuando el comportamiento sexual a través de Internet adquiere un cariz compulsivo, comienza a interferir de manera notable en su vida, se mantiene a pesar de las consecuencias adversas; la persona se encuentra obsesionada con la actividad sexual en la Red, de manera que le ocupa mucho tiempo en su mente, siente la necesidad de conectarse cuando por alguna razón no ha podido hacerlo y hay una progresión en el grado de riesgo que asume cuando utiliza el cibersexo (llegando por ejemplo a dar sus datos personales, a citarse con alguna persona que ha conocido a través del mismo…). En resumen, cuando se ha perdido la capacidad de controlar este comportamiento y de elegir libremente si se lleva a cabo o no, entonces estamos hablando de una adicción y por tanto, de una patología.

Ya para finalizar, ¿le gustaría añadir alguna otra cuestión?

Simplemente me gustaría insistir en que la necesidad de evaluar e intervenir psicológicamente cuando atisbamos la posibilidad de una adicción al cibersexo no implica considerar que la exploración esporádica de Internet con fines sexuales sea algo terrible y perverso. Se trata de un comportamiento frecuente y que no hace más que traducir a las nuevas tecnologías, con todo su potencial, algo que siempre ha acompañado al ser humano, esto es, la búsqueda de estímulos que desarrollen y expresen sus fantasías sexuales. Esto se da en la actualidad con el uso de vídeos y revistas pornográficas, se daba en la pornografía de la era victoriana y se refleja ya en algunos frescos de Pompeya que tienen más de mil años de antigüedad. De hecho, en alguna medida el cibersexo, al igual que la pornografía, en tanto que generadora de fantasías sexuales, puede tener un valor terapéutico positivo que podemos incorporar en algunos de nuestros tratamientos. Otra cosa muy distinta es cuando la persona se queda atrapada en la Red.

Finalmente, aprovecho para ofrecer la ayuda que podamos dar a las personas que sientan que tienen este problema en nuestra Unidad de Investigación sobre Sexualidad y Sida de la Universitat Jaume I de Castelló, donde hemos desarrollado un programa de intervención psicológica para el tratamiento de la adicción al cibersexo.

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